Sé un espíritu libre y #Evoluciona

En la vida, uno tiene la oportunidad de coincidir con gente que deja huellas en nuestro camino.  Algunas de esas huellas se dibujan junto a las tuyas por un trecho corto de la trayectoria, otras te acompañan a través de toda la jornada.  Hay otras que, aunque las dejaste atrás hace algún tiempo, vuelven a encontrarte.

Conocí a Ivonne Rosario, periodista de prensa escrita, cuando yo dirigía la oficina de comunicaciones del Departamento de la Familia en Puerto Rico (a principios de la década del 2000).  Era una labor retante la que tenía en mis manos, por la naturaleza de los casos que atraían a la Prensa, y mi rol era facilitarles la información.

En muchas ocasiones, Ivonne me contactó para pedir datos e incluso cubrió las conferencias de prensa de aquél entonces, y de ahí continuamos en una relación de colegas.  Luego de un tiempo (ya me había mudado yo para Estados Unidos), Ivonne y yo volvimos a conversar, ya no tanto debido a las noticias, sino en un plano de amigas.  Y aunque no nos vemos o hablamos todos los días, hay un vínculo solidario que nos une.

Periodista al fin, Ivonne tiene muchas historias qué contar.  Pero la historia más fascinante de todas, es la suya.  Una de crecimiento y de emerger como un espíritu libre.  Hoy comparte con ustedes algunas pinceladas de su experiencia e importantes palabras de motivación, que estoy segura que serán una inyección de ánimo para tu semana.  Se une a este foro hoy, para juntas acompañarte.  Aquí se las dejo, ¡que disfruten!

Por: Ivonne Y. Rosario

Soy un espíritu de libre pensamiento y la feliz madre de dos adolescentes, Abdiel y Giuliano. He sido Periodista de profesión hace más de 15 años, evolucionado a diario en el mundo de las comunicaciones y reinventándome en otros campos.

 

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Ivonne Y. Rosario – Periodista por más de una década del periódico El Vocero, Puerto Rico. Su cobertura se destacó en temas de educación, salud y política. Consultora de Comunicaciones.

Todos los días trabajo para evolucionar, tanto a nivel personal como en el campo laboral, porque de eso se trata la vida: de estar en constante movimiento, dejando atrás los fracasos y malas experiencias que te hicieron llegar al escenario actual.

Hace casi una década estuve sumergida en uno de los peores procesos para un ser humano: el divorcio. Desde entonces mi vida ha dado un giro totalmente liberador. Como todo proceso, al principio fue muy difícil superar la ruptura y seguir hacia adelante con mis hijos.  Pero les aseguro que se puede y que, gracias a esa decisión, soy la mujer que les escribe hoy.  Me fascina mi vida, evolucioné en todos los aspectos, personales y profesionales ¡y lo que falta! Soy una mujer plena.

Sin embargo, para llegar a esta plenitud, me costó muchas lágrimas, desvelos, decepciones, alejarme de personas y pensar sólo en mis hijos y en mi. Esto fue la zapata para dar espacio al espíritu libre que habita en mí. Hoy no le temo al fracaso, ni a los cambios, ni a la soledad.  Al contrario, experimento cosas nuevas que antes jamás hubiese hecho. No me ato a lugares y mucho menos a personas.  No permito que entren a mi vida personas negativas, llenas de inseguridades que siempre infunden miedo y quieren paralizarte. No permito que la sociedad me establezca parámetros. Tú  estableces los parámetros en tu vida, tienes total control de tus acciones y también total responsabilidad.

Con mi experiencia y evolución, quiero empoderar a la mujer y ¿porqué no? También al hombre que piensa que no puede seguir adelante, que se limita por los fracasos. Trabajen para su libertad mental y espiritual, libertad que todo ser humano necesita, aún en pareja.

Hoy les digo: se puede, cree en ti, edúcate y todos los días explora algo nuevo que sume a tu vida. ¡Este proceso es fascinanate! Y recuerda que no importa la opinión de los demás, pues es un proceso individual. Mucho menos la de personas conformistas; sólo necesitas tu propia aprobación.

La clave para lograr lo que quieres es no tener miedo y dar el paso, la toma de decisiones en el momento adecuado. Salir de donde estás sumergida, solo tú puedes hacerlo. Lo digo categóricamente: por más ayuda que te brinden, si no te empoderas y actúas tú misma, te quedarás en el mismo lugar.

Sé una persona tan segura que dondequiera que vayas dejes tu esencia. 

Así soy, una mujer fuerte pero simple, segura e independiente. Muy celosa con lo que he logrado hasta ahora con mucho sacrificio, por eso no permito que cualquiera entre a mi vida, pues la estabilidad emocional que tengo no es negociable.

No doy paso a comentarios inútiles que me desenfoquen. Me concentro en lo que quiero lograr, en reinventarme todos los días, no importa lo difícil que sea. No me dejo influenciar, porque al final sólo yo soy la responsable de mis actos.

Claro hay días buenos, regulares y malos, pero tengo una filosofía para los días malos y la comparto con ustedes. Es la siguiente: internalizo que ese día pasará, simplemente lo bloqueo, sólo respiro hasta que llegue el próximo día, y es ahí cuando me levanto con más fuerzas, no me complico, porque TODO pasa.

Estoy en pleno proceso de descubrir otra faceta en mi vida, que la describo como #Evolución. Quiero hacer cosas diferentes, y para eso me estoy preparando. Y le doy paso a algo que me fascina, la lectura, pues es sabiduría.

Piensa en ti, cuídate y protégete, luego enfócate y suelta en el camino las cosas que te afecten; camina liviano.

ivonnes-tattooNo olvides que el cambio es obligatorio para evolucionar. Te invito a darte la oportunidad de ser un espíritu libre, sin ataduras, de creer en ti y enfocarte en lo que verdaderamente importa: ¡TÚ MISMA!

No dudes nunca que todo pasa, y sólo queda el presente, el HOY. No planifiques tanto tu vida, sólo organiza tus pensamientos y metas y déjalos volar.  Te aseguro que vivirás a plenitud. Vive con lo simple,  ¡no te arrepentirás!

Un abrazo, Ivonne.
Te invito a que me sigas en Facebook o Instagram: ivonne.rosario.10

 

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¡Hay Party! (gracias a la adversidad)

Un día como hoy, hace un año, atravesé una de las situaciones más difíciles que me ha tocado vivir.  La enfermedad tocó a mi puerta (inesperadamente, como suele hacerlo) y me obligó a ir al quirófano.

two person doing surgery inside room

Era una cirugía grande.  Mientras me preparaban para ir a sala de operaciones, pensaba en tres cosas. Primero, temblaba al recordar cuando el cirujano me recitó la lista de posibles complicaciones que podrían resultar del procedimiento.  Por ley, tenía que hacerlo.

Y en ese momento en que de por sí una está muerta de miedo, y a duras penas logra procesar lo que está a punto de enfrentar, a la mente se le ocurre “darle play” a las advertencias de aquella infame listita:  “puede haber pérdida de visión, de audición, de movimiento, de conocimiento, etcétera.. hasta la muerte.”  ¡Imagínate!  ¡Tiembla cualquiera!  Pero la mente es así de traicionera a veces, quizás para obligarnos a activar el “survival mode” o modo de supervivencia innato que nos viene ya con esto de ser humano.

Pero esa no fue la única lucha.  Mientras me buscaban la vena y y yo veía las estrellas con cada pinchazo, trataba de orar.  Soy una mujer cristiana, y desde luego que invoqué a Dios a medida que se acercaba el momento de entrar al quirófano.  Recité el Salmo 23, el 91, el 103 y el 121 sin parar.  Me faltaba el aire.  Trataba de aferrarme a mi fe, pero estaba demasiado tembluzca.  Ya sé, quizas te ríes pensando ¡que soy una cobarde!  Pero yo veía a aquella batería de médicos preparándose como para una batalla, y la verdad es que el miedo me traicionaba.  Cerré los ojos, y entre lágrimas, oraba.  Yo no sé ni qué decía, pero buscaba a Dios con las pocas fuerzas que el terror me permitía.

De repente escuché a alguien decir: “Okay, estamos listos”, y les juro que comencé a gritar para mis adentros que no, que la que no estaba lista era yo.  Nadie me escuchó, desde luego, porque yo estaba muda del susto.  Cuando sentí que la camilla comenzó a moverse rumbo a sala de operaciones (yo ya iba mas p’allá que p’acá, gracias a la anestesia), le dije a misma: ¡Misma, ahora fue!  Y no me quedó otro remedio que dejarme llevar y esconderme en la gracia y voluntad de Dios.

Sinceramente, les cuento estas cosas y todavía tiemblo.  No estoy segura si es estrés post traumático o que, en efecto, soy cobarde y punto.  Lo cierto es que cuando uno tiene que pasar por un evento como ese, o peores y más complicados, la vida no vuelve a ser la misma ¡jamás!

Escribo estas memorias hoy, porque tengo mucho un par de cosas que decir del trayecto hacia la recuperación y al celebrar lo que esas cosas inesperadas e inexplicables que ocurren en nuestra vida nos enseñan.

Recientemente inicié este blog, con la intención de apoyar a muchas de ustedes, con quien tengo lazos de amistad, familiares, laborales o en el camino de la Fe.  Escogí el nombre “Déjame acompañarte” porque, ¿sabes qué?  A pesar de que hubo gente maravillosa, que de una forma u otra estuvo conmigo en el proceso, la realidad es que es inevitable serntirnos confundidas, ansiosas, preocupadas, que perdamos el sueño, y sobre todo: solas.

Yo sé que mi experiencia no es la única, ni última de este mundo.  Hay muchas de ustedes que batallan con asuntos todavía más complicados, y aún asi tienen que hacer malabares en su día a día.  ¡Es más! ¡De ustedes debería aprender yo!  Lo que pasa es que muchas de nosotras nos reservamos las emociones producto de estas circunstancias, y es hora de que alguien nos diga que está bien hablarlas, que está bien buscar a alguien que nos acompañe en el proceso y, cuando menos, nos dé el espacio necesario para enfrentar nuestro duelo.

El duelo no es sólo cuando ocurre una muerte, sino es el sentimiento que produce la pérdida de algo muy querido y valorado.  Tal vez te ha pasado como a mí, que gente que nos aprecia nos repite hasta el cansancio que somos guerreras, que tenemos que ser fuertes, que no nos demos por vencidas, que sonríamos.  Una trata, de verdad, de que se ese positivismo le entre por los poros.  Pero ¿cuándo irá la gente a aceptar que es normal sentir miedo?  ¿Cuándo nos van a dar el espacio y respetar que lloremos en ese duelo que nos llega con la enfermedad y con la pérdida?

Amigas, ¡no estamos hechas de cemento ni tampoco somos las más titanas!  Está bien temer y llorar; es normal tener días que no queremos levantar un papel del piso, tanto como las miles de occasiones en que nos levantamos como Enriqueta y volteamos la casa limpiando o cuando nos queremos llevar al mundo por delante.

¡Ah! Y si eres una persona que cultiva una vida de fe, ¡qué empeño de la gente de espetarte ese “tienes que confiar más en Dios”!  ¿Es en serio? ¿Acaso que las emociones afloren en medio de la adversidad es contrario a creer?  Si no fuera porque una echa mano de la Fe, muchas de nosotras no hubiéramos podido salir adelante.  Y antes de que peque de hipócrita, le doy margen a que alguna vez me haya acercado a decir esas palabras a alguien, y en mi defensa ¿qué digo?  Que no es hasta que te pasa a ti, que comprendes las luchas de una persona enferma.

En este tiempo de recuperación, he podido reflexionar mucho en cómo la adversidad  se convierte en “un frenazo” en la desbocada carrera de la vida para volvernos a hacer gente, para sensibilizarnos.

chocolate cupcake with white and red toppings

Y aunque el trayecto para llegar hasta aquí hoy, día de celebración, no ha sido un camino de rosas… “hay party”.

No me puse los tacones altos, pero sí me pinté los labios adrede, para que todos noten mi sonrisa.  Estoy agradecida, de Dios y aquellas personas que hicieron lo indecible por ayudarme (¡ustedes saben quiénes son!).  Y he querido compartir con ustedes, mis amigas, por qué celebro mi paso por la adversidad con una actitud de fiesta y lo que he aprendido en el proceso.

Quizás te identificas un poco con mi historia; o tal vez estás atravesando por una difícil situación de salud.  Quiero que sepas que no estás sola, que tus temores y tus preguntas son naturales.  Te insisto en que está bien llorar, pero no vivir al amparo de la pena; que está bien temblar antes de entrar a la cita médica y pedir fuerzas al Altisimo, y luego mirarte al espejo del carro para arreglarte, para que nadie note tu congoja.  Es parte del proceso, amiga.

Te recuerdo que eres vulnerable y frágil, fuerte y determinada, y que así, con todas esas paradojas emocionales, cuentas conmigo si necesitas que te escuche y lloremos juntas.  No estás sola, no.  Aquí estoy yo, con cicatrices como las tuyas, para decirte: Déjame Acompañarte.

(30 de octubre de 2018)

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